He dejado a un lado las falsas kimeras, que solo me hacían vagar por el mundo de los sueños.
He dejado de caminar a altas horas de la noche, en busca de un bar abierto de madrugada.
He dejado de reeleer una y otra vez, las cartas que una vez me enviastes y que hoy condeno a la hoguera de los sueños perdidos.
He dejado de inalar ese humo que m hacia reflexionar en tardes junto a la chimenea, en las que mi alma gritaba tu nombre.
He dejado abierta la puerta de la carcel de mi alma, para que pueda volar y ser libre por fin.
He dejado de mirar al suelo, y pisar un paso firme alla por donde paso.
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Murciélagos a la anochecer.
La joven desnuda
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