
Observo el espejo donde ayer soñe con verme, y encuentro mis ojos flotando sin mar. Traté de buscar entre cenizas de letras aquella palabra que se me cayó, cuando de mi boca abierta se perdió ese beso, que no era el final, pero hoy terminó. Escúchate hablar y mírame a los ojos. No puede creer que ese iris vacío, haya sido el dueño se tu alma algún día. Sé que hubo un sol en la punta de un día, sé bien que esa noche no quise dormir; y sé que ésta esquela de lágrima y rimmel, son las cicatrices de tu piel en mí. Escúchate hablar, sin mirarme a los ojos. No puedo sostener tu voz ya con mis dedos. No quiero buscar más debajo de la almohada, la mano que nunca estuvo del otro lado. La fría mortaja de sábana azul, envuelve los restos. Tal vez fue en un sueño que estuve dormida, lo hora precisa en que me contaste, con huellas perversas, que fue esa caricia la que, sin dudarlo, dibujo tu adiós.



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