martes, 17 de noviembre de 2009


Hoy. No sé, quizás, hoy me equivoque. También puede ser que un infinito diferente dibuje entre las nubes la hostilidad temprana del inminente mañana que presiona como estaca las noches que el viento arranca de algún paisaje demente. Quizás hoy no pueda verte y agonice con tenerte, entre sábanas de seda de la muerte, entre vivas pasiones emergentes. No sé, pero hoy te encuentro tan cercanamente lejos, que es imposible imaginar una distancia que en ordenadas ilusiones se asemeje a la humedad de tus besos cual bosquejo de aquellas frases disueltas en palabras, que por sinceras que sean, son macabras. Hoy. No sé, quizás, hoy esté en lo cierto. También puede ser que un reloj entorpecido, escriba en el desierto dolorosa travesía, marcada por muchos huesos de tristeza encadenada a aquellos atardeceres de nostalgia enamorada. Y quizás hoy no halle un futuro incierto, entre tantos laberintos sin salida, en una tierra en medio de dos infiernos, entre contradicción de risas y lamentos. No sé, pero hoy me siento tan llenamente vacía, que es imposible imaginar alguna arista, que me pueda penetrar sin que desista, sobre traición de exactitud desconocida, bajo mentiras moribundas sin sentido, ante gemidos que aceleran mis latidos. No sé, hoy debo estar tan desubicada, que tal vez estuve aquí toda la vida. Quizás, hoy sea simplemente, un ayer más de los futuros mañanas, que en un sueño eterno se quedara, con la vaguedad de un horizonte distinto. Pero, quedándome con el cruel instinto que se hace guía de mi brutalidad, puedo decir que Hoy me hallo en el camino; de rumbo errante, pues eso es un destino.

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