miércoles, 19 de noviembre de 2008

Placeres de la vida.



Me gusta observar los pequeños detalles que la gente no aprecia, me gusta el silencio mientras escucho un sin embargo te quiero de un tal sabina, con un suspiro de una calada mientras mi mente reflexiona, tumbada entre las sabanas blanquecinas de mi cama, en un invierno frio sin compañía alguna y sin embargo en mi mente divaga con algún pensamiento de que bonito seria que no fuera mi manta la que me diera calor en noches frías de un enero sin pudor.
Me gusta sentir el calor de mis amigas alrededor de una mesa mientras una cálida cena nos acompaña entre cubata y cubata y más de una carcajada que soltamos al contarnos nuestros sucesos cotidianos, como si de un Enrique san francisco, en su taburete con su cerveza, nos contara en el club de la comedia.
Valoro estos momentos que me hacen reflexionar entre palabra y palabra, línea y línea estrofa a estrofa poco a poco confeccionando mi vida. Valoro mis pequeños momentos sumergida entre las páginas de un buen libro que sin querer me hacen revivir la historia como si de tal manera formara parte de ella.
Me alegra la risa de un niño y su pura inocencia, que confuso se asienta en la vida desconcertado, preguntando por todo aquello que a su paso le asombra y que a veces sin darnos cuenta, los adultos no valoramos sin embargo aquellos que lo hacen me fascina que pacientes intenten enseñarles a comprender la vida, cuando ni ellos mismo la entienden.
Me entusiasma las personas q aman el arte de la vida, o que intentan comprenderlo, pero no soporto las que ni se paran un segundo a apreciar el buen gusto de las cosas. Odio las prisas, el agobio, el no saber estar, los momentos que pasan y no vuelven a llegar, lo que acaba y empieza.
Me gusta la frisa y la orilla de una playa desierta y yo sentada escribiendo estas líneas, me gusta una sonrisa que viene, una persona que se conoce, una nueva amistad, un momento plasmado en mi mente, un recuerdo de mi infancia remontado a simplente ver la risa de un niño. A pesar de todo inéditamente odio que todo lo bueno se acabe, el reflejo de un espejo que pasa y no vuelve, pues todo fluye menos tu alma.

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Murciélagos a la anochecer.

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La joven desnuda

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